miércoles, 12 de noviembre de 2014

Los años de estudio: factor de riesgo para la miopía


Un equipo de investigadores alemanes ha sido el primero en encontrar nuevos factores de riesgo para el desarrollo y la severidad de la miopía, que tienen que ver con el entorno y con los hábitos de vida y no necesariamente con la genética: específicamente el nivel de educación y los años de estudio. Interesante, ¿verdad?


Dedicamos años y años de estudio a prepararnos para el futuro.  Un alto nivel educativo y una carrera ayudan a alcanzar metas a nivel profesional y cultural a la vez que brindan seguridad y estabilidad financiera. Pero “quemarse las pestañas” en el intento, según un estudio reciente, puede ocasionar un peligro para los ojos, esas herramientas básicas que se utilizan para estudiar y leer todo lo necesario para adquirir esos conocimientos: específicamente, representan un riesgo mayor de desarrollar miopía. (Para el ojo miope los objetos cercanos se vean claros, pero los lejanos se ven borrosos)

La miopía es muy común. Por ejemplo, afecta a alrededor de un 30 a un 40 por ciento de la población europea y ha ido en aumento en otros países (su tasa de incidencia en los países asiáticos desarrollados, es de un 80 por ciento en la actualidad).  Existe evidencia que apoya la teoría de que tiene origen genético, pero algunos adultos pueden desarrollarla debido a un exceso de estrés visual o por condiciones de salud como la diabetes.  

Una miopía extremadamente severa es una de las causas de la pérdida de la visión y está asociada con un riesgo mayor de desarrollar desprendimiento de la retina, degeneración macular por miopía, cataratas prematuras y glaucoma.

Pues bien, un equipo de investigadores del Centro Médico Universitario en Mainz, Alemania realizó el primer estudio de población que sugiere que los factores ambientales podrían ser incluso más importantes en el desarrollo y severidad de la miopía que la propia genética.

En dicho estudio, los investigadores tuvieron en cuenta los casos de 4,600 alemanes entre los 35 y los 74 años de edad y encontraron que el 24 por ciento de aquellos que no habían completado la secundaria eran miopes, en comparación con un 35 por ciento de estudiantes de secundaria preuniversitarios y graduados de escuelas vocacionales que sí lo eran, al igual que el 53 por ciento de graduados universitarios.

El estudio concluyó que las personas que pasan más años dedicados al estudio en centros de instrucción tienen una miopía más severa y que dicha severidad aumenta con cada año de estudio. Al evaluar los efectos de la genética en la miopía, los investigadores concluyeron que tenía mucho menos impacto en la severidad de la misma que el nivel educativo.

Sin embargo, dichos resultados, publicados en la edición de junio de la revista Ophtalmology, sugieren, pero no prueban que exista un vínculo entre la miopía y el nivel de educación, al menos hasta que se lleven a cabo más estudios al respecto. Mientras tanto, indican un sencillo antídoto ante el supuesto peligro: los estudiantes deben pasar más tiempo en el exterior, expuestos a la luz natural.  Unos estudios recientes en el que participaron niños y jóvenes en Asia y Dinamarca mostraron que un mayor tiempo en el exterior se asocia con una menor incidencia de miopía.

Los padres deben estar pendientes a cualquier queja que tenga el niño o el adolescente en cuanto a la vista: borrosidad, dificultad para percibir lo que la maestra escribe en la pizarra, dolores de cabeza o cansancio de los ojos o la vista.  Una visita anual al especialista es imprescindible para mantener una buena salud visual y para detectar a tiempo cualquier problema. Pero además, hay que velar también por las condiciones en que los niños, los adolescentes y los jóvenes estudian. Ellos necesitan un entorno bien iluminado, un horario de estudio que evite los excesos, sobre todo de horas ante una pantalla, y tratar de balancear la actividad intelectual con la física.
Es fundamental prestarle atención y cuidado a los ojos, precisamente para que puedan cumplir su misión durante los años de estudio y preparación para el futuro y librarlos, si es posible, de condiciones como la miopía.