jueves, 27 de noviembre de 2014

Ojo Vago


Que un niño sea perezoso es algo normal, pero que uno de sus ojos no quiera ver, aun cuando no tenga ningún problema físico, resulta por lo menos raro. Sin embargo ocurre y no es ningún chiste. Se trata de un problema de la visión que se denomina, Ojo Vago, y puede prevenirse o curarse si se detecta a tiempo.
 
Muchas personas creen que los problemas de la visión sólo afectan de los adultos y de las personas mayores. Sin embargo, muchos niños también pueden tener dificultades para ver bien. Uno de los problemas de la visión más común en los niños y que afecta de un 2 al 4 por ciento de ellos, se denomina ambliopía y es conocida como “Ojo Vago”.
Esta enfermedad puede aparecer entre los 2 meses y los 8 años de edad y en general se produce en un solo ojo (aunque puede afectar a los dos), que ve borroso o mal y no logra percibir los detalles. El problema es que durante los controles con el especialista, no se detectan lesiones ni en la retina ni en el nervio óptico de ese ojo. De ahí que se le denomine ojo vago o perezoso: no existe un problema físico que justifique la falta de visión y sin embargo el ojo no cumple bien su función de ver.

Por suerte los tratamientos suelen hacer que este vago empiece a funcionar. Estos varían: a veces los niños deben llevar un parche en el ojo que ve bien para que el otro se vea obligado a trabajar o se les indica que hagan ejercicios visuales. En otros casos se pueden recetar gafas e incluso puede ser necesario practicar una cirugía.
Lo importante es que sepas qué es la ambliopía y como se manifiesta para que entiendas y hasta lo sugieras, cuando el especialista está evaluando la vista del niño. Se ha probado que cuanto antes se detecte y se trate este problema, los resultados son mucho mejores.

Un equipo de investigadores de varias instituciones estadounidenses ha publicado los detalles de un estudio reciente en el que revisaron datos de casi mil niños tratados por ambliopía u ojo perezoso y descubrieron que quienes tenían entre 3 y 7 años de edad respondieron mucho mejor al tratamiento que los tenían entre 7 y 13 años, sobre todo en los casos que eran moderados a severos.
Cabe destacar que los niños mayores también mejoraron y en algunos casos mostraron más beneficios de los que se esperaban inicialmente. Por eso es importante detectar y tratar esta enfermedad, aun cuando el niño ya sea mayorcito. Eso sí, después de los 10 años, la recuperación de la visión será parcial, no total. Es vital atacar el problema cuanto antes.
¿Te has preguntado cómo está viendo tu hijo? ¿Has consultado al especialista? Los especialistas recomiendan descartar cualquier problema de la visión antes de que el niño asista a la escuela, es decir, antes de los 5 años de edad.
Independientemente de la edad de tu hijo, no dejes de buscar ayuda profesional si notas que tiene alguno de estos síntomas del denominado ojo perezoso:

·         Ojos que se giran hacia adentro o hacia afuera

·         Ojos que no parecen trabajar coordinadamente

·         Incapacidad para juzgar la profundidad correctamente

·         Visión deficiente en un ojo


Recuerda que los problemas de la visión no le afectan sólo a los adultos. Cuando se presentan en los niños, muchas veces no se detectan hasta que comienzan a asistir a la escuela porque tienen problemas para realizar tareas como la lectura y la escritura. No esperes a que esto suceda y planifica ya tu próxima visita al óptico.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Los ojos, espejo de... ¿otras enfermedades?


A los ojos les llaman el espejo del alma, pero pueden ser mucho más que eso. Analizados por un médico, pueden ser la ventana que descubra ciertos síntomas que delatan otras condiciones en el cuerpo. Aunque te parezca extraño, muchas enfermedades se manifiestan a través de los ojos, como la diabetes y algunos problemas del corazón. Aquí te contamos otros ejemplos, para que estés atento y no descuides tu visita anual con el especialista


¡Qué útiles e importantes son los ojos! ¿Te imaginas un día sin ellos?  Trabajan para nosotros constantemente, permitiéndonos ver el mundo a nuestro alrededor.  También tienen su propio “lenguaje” ya que sin decir una palabra, pueden expresar alegría, dolor y enojo. Para un especialista entrenado, los ojos pueden incluso decir mucho más: no solamente mostrarán síntomas de condiciones que los afectan directamente, como el glaucoma o las cataratas, también pueden mostrar señales relacionadas con algún otro trastorno de salud, como la diabetes o problemas en el corazón.

Pero esto no es lo único. Los ojos pueden permitir ver otras enfermedades sistémicas (de otras partes del cuerpo), como aneurismas, el VIH, el cáncer y otros problemas hereditarios. Por eso es importante hacerse controles periódicos de la visión, sobre todo después de los 40 años de edad (o antes, si en tus antecedentes familiares hay miembros que tienen o han tenido problemas en la vista).

Las visitas periódicas con los especialistas que se ocupan de la salud de los ojos permitirán detectar las señales que delatan este tipo de trastornos, y que solamente ellos saben interpretar. Pero hay otras señales en los ojos que son visibles para todos. Por ejemplo, presta atención a los siguientes síntomas que pueden alertarte a un problema de salud:

Ojos amarillos: algunas enfermedades del hígado, incluida la hepatitis y la cirrosis, pueden hacer que la parte blanca de los ojos tome este color.

Ojos saltones: puede ser una cuestión de rasgos familiares pero, muchas veces, indican que la glándula tiroidea (o la tiroides) está funcionando mal. Eso hace que los tejidos que rodean el ojo se hinchen y le den un aspecto abultado o sobresaliente.

Ojos enrojecidos: hay vasos sanguíneos diminutos que recorren los ojos, por eso a veces pueden provocarse derrames que contrastan con el blanco que rodea al iris. En la mayoría de los casos, esto no tiene una causa obvia, pero en algunas ocasiones puede indicar presión alta o problemas en la coagulación de la sangre.

Ojos de diferentes colores o heterocromia. En general es una condición que se hereda, pero a veces puede estar relacionada con alguna lesión en los ojos, hemorragia (sangrado) o la presencia de un cuerpo extraño. También puede estar relacionada con otras condiciones como el glaucoma, el síndrome de Waardenberg (que es un defecto de nacimiento) o la neurofibromatosis.

Párpados caídos o ptosis: en general se trata de un signo del paso del tiempo y el envejecimiento natural de las personas pero, en algunos casos aislados, puede indicar la presencia de un tumor cerebral o una enfermedad neuromuscular conocida como miastenia grave, que interfiere con los mensajes que los nervios envían a los músculos.

Irregularidades de las pupilas: en general, la parte negra de los ojos es del mismo tamaño en ambos ojos y reaccionan de manera similar ante la exposición a la luz. Cuando reaccionan de manera diferente, pueden indicar distintos problemas, entre los cuales se destacan problemas del corazón, un tumor en el cerebro o en el nervio óptico, un aneurisma cerebral (un ensanchamiento o dilatación de la pared de una arteria del cerebro), sífilis (una enfermedad de transmisión sexual causada por una bacteria) y esclerosis múltiple (una enfermedad del sistema nervioso que afecta al cerebro y a la médula espinal).

Y la lista podría continuar. Ten en cuenta que los niños también pueden tener señales en los ojos que indiquen la presencia de otros problemas de salud. Estos pueden ser:

Ojo más grande que otro: si un bebé o un niño tiene un ojo (de hecho, la córnea) más grande que la otra puede ser una señal de glaucoma congénito. Un reflejo blanco en la pupila puede indicar una catarata congénita, un tumor dentro del ojo (que se conoce como retinoblastoma), o una infección por parásitos.

Ojo vago (ambliopía): es una condición que se puede corregir a tiempo, pero también puede deberse a un tumor dentro del ojo o a un problema neurológico.  Lleva al niño al especialista para que determine la causa correcta y se pueda tratar.

De nuevo, si notas algo extraño en el color, el brillo o la forma del ojo de tu hijo, no dejes de consultar con un especialista.

En el caso de los adultos: si tienes 40 años de edad o más o si algún miembro en tu familia sufre o ha sufrido problemas en la vista, no dejes de ir a consultas periódicas con el especialista, para que te examine y para que pueda orientarte sobre el cuidado de tus ojos. Así podrá detectar cualquier condición, antes de que se complique sea más difícil de solucionar.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Los años de estudio: factor de riesgo para la miopía


Un equipo de investigadores alemanes ha sido el primero en encontrar nuevos factores de riesgo para el desarrollo y la severidad de la miopía, que tienen que ver con el entorno y con los hábitos de vida y no necesariamente con la genética: específicamente el nivel de educación y los años de estudio. Interesante, ¿verdad?


Dedicamos años y años de estudio a prepararnos para el futuro.  Un alto nivel educativo y una carrera ayudan a alcanzar metas a nivel profesional y cultural a la vez que brindan seguridad y estabilidad financiera. Pero “quemarse las pestañas” en el intento, según un estudio reciente, puede ocasionar un peligro para los ojos, esas herramientas básicas que se utilizan para estudiar y leer todo lo necesario para adquirir esos conocimientos: específicamente, representan un riesgo mayor de desarrollar miopía. (Para el ojo miope los objetos cercanos se vean claros, pero los lejanos se ven borrosos)

La miopía es muy común. Por ejemplo, afecta a alrededor de un 30 a un 40 por ciento de la población europea y ha ido en aumento en otros países (su tasa de incidencia en los países asiáticos desarrollados, es de un 80 por ciento en la actualidad).  Existe evidencia que apoya la teoría de que tiene origen genético, pero algunos adultos pueden desarrollarla debido a un exceso de estrés visual o por condiciones de salud como la diabetes.  

Una miopía extremadamente severa es una de las causas de la pérdida de la visión y está asociada con un riesgo mayor de desarrollar desprendimiento de la retina, degeneración macular por miopía, cataratas prematuras y glaucoma.

Pues bien, un equipo de investigadores del Centro Médico Universitario en Mainz, Alemania realizó el primer estudio de población que sugiere que los factores ambientales podrían ser incluso más importantes en el desarrollo y severidad de la miopía que la propia genética.

En dicho estudio, los investigadores tuvieron en cuenta los casos de 4,600 alemanes entre los 35 y los 74 años de edad y encontraron que el 24 por ciento de aquellos que no habían completado la secundaria eran miopes, en comparación con un 35 por ciento de estudiantes de secundaria preuniversitarios y graduados de escuelas vocacionales que sí lo eran, al igual que el 53 por ciento de graduados universitarios.

El estudio concluyó que las personas que pasan más años dedicados al estudio en centros de instrucción tienen una miopía más severa y que dicha severidad aumenta con cada año de estudio. Al evaluar los efectos de la genética en la miopía, los investigadores concluyeron que tenía mucho menos impacto en la severidad de la misma que el nivel educativo.

Sin embargo, dichos resultados, publicados en la edición de junio de la revista Ophtalmology, sugieren, pero no prueban que exista un vínculo entre la miopía y el nivel de educación, al menos hasta que se lleven a cabo más estudios al respecto. Mientras tanto, indican un sencillo antídoto ante el supuesto peligro: los estudiantes deben pasar más tiempo en el exterior, expuestos a la luz natural.  Unos estudios recientes en el que participaron niños y jóvenes en Asia y Dinamarca mostraron que un mayor tiempo en el exterior se asocia con una menor incidencia de miopía.

Los padres deben estar pendientes a cualquier queja que tenga el niño o el adolescente en cuanto a la vista: borrosidad, dificultad para percibir lo que la maestra escribe en la pizarra, dolores de cabeza o cansancio de los ojos o la vista.  Una visita anual al especialista es imprescindible para mantener una buena salud visual y para detectar a tiempo cualquier problema. Pero además, hay que velar también por las condiciones en que los niños, los adolescentes y los jóvenes estudian. Ellos necesitan un entorno bien iluminado, un horario de estudio que evite los excesos, sobre todo de horas ante una pantalla, y tratar de balancear la actividad intelectual con la física.
Es fundamental prestarle atención y cuidado a los ojos, precisamente para que puedan cumplir su misión durante los años de estudio y preparación para el futuro y librarlos, si es posible, de condiciones como la miopía.